La Policía Nacional y la Guardia Civil han desarrollado una actuación conjunta -denominada operación ‘Llavero’- para desarticular un grupo criminal especializado en robos con fuerza en domicilios habitados, cuyo método consistía en sustraer previamente las llaves de las viviendas tras forzar los vehículos estacionados de los propios inquilinos, con el fin de acceder a continuación a los inmuebles y cometer los robos intentando dejar las menos pruebas posibles.
La investigación, coordinada por el Grupo de Delincuencia Urbana (GDU) de la Comisaría de Policía Nacional en El Puerto de Santa María (policia.es), ha contado además con el apoyo de la Unidad de Delincuencia Urbana (UDU) de la Comisaría en Jerez de la Frontera, la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Jefatura Superior de Policía Nacional en Sevilla, y del Equipo de Robos en el Campo (ROCA) de la Guardia Civil apostado en La Palma del Condado (guardiacivil.es).
El operativo culminó con la detención de dos personas en la provincia de Sevilla y la identificación de un tercer integrante de la organización, que actualmente permanece en prisión por otros hechos. A los investigados se les atribuyen dos tentativas de robo con fuerza en domicilio habitado, dos robos con fuerza en el interior de vehículos, otros dos robos de vehículos y un delito de pertenencia a organización criminal.
El desarrollo de la investigación requirió la aplicación de técnicas avanzadas debido a las estrictas medidas de seguridad que adoptaban los integrantes del grupo criminal para dificultar su localización e identificación.
La investigación constató que los integrantes del grupo actuaban de forma organizada y adoptaban numerosas medidas para evitar su identificación. Para sus desplazamientos utilizaban vehículos previamente sustraídos, lo que dificultaba el seguimiento de sus movimientos por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Una vez seleccionada la localidad donde iban a actuar, forzaban vehículos estacionados con el objetivo de apoderarse de las llaves de los domicilios y de la documentación personal de sus propietarios.
De este modo obtenían la dirección exacta de las viviendas y posteriormente accedían a ellas utilizando las propias llaves sustraídas, evitando en muchos casos causar daños visibles en los accesos.
Con este ‘modus operandi’ sustraían dinero, joyas y otros objetos de valor de fácil transporte y venta posterior en el mercado ilegal, a la vez que de algún modo retrasaban que el robo en la vivienda pudiera ser descubierto y denunciado, ganando tiempo para desaparecer del lugar de los hechos.



