Un nuevo año la Armada renueva su promesa de bendecir las aguas con el Santísimo rememorando el maremoto de Lisboa de 1755

Al haberse salvado la por entonces Real Isla de León de los estragos del tsunami que siguió al terremoto lisboeta, desde entonces se realiza la 'Bendición del Mar' en señal de agradecimiento por haberse librado de la catástrofe los habitantes de la población isleña
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Un año más, la Armada (armada.defensa.gob.es) ha recordado con una solemne función religiosa su promesa de bendecir con el Santísimo Sacramento las aguas de la Bahía de Cádiz desde el muelle de San Fernando del Arsenal de La Carraca, en un acto conocido como la ‘Bendición del Mar’, y que cada año en junio congrega a representantes institucionales de la provincia, las Fuerzas Armadas, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y colectivos sociales gaditanos, recordando el maremoto de Lisboa de 1755 y que la, por entonces, Real Isla de León quedara a salvo de los destrozos que provocó la gran ola.

En esta ocasión, la presidencia del acto militar ha estado a cargo del Jefe de Apoyo Logístico, almirante Ignacio Céspedes Camacho; acompañado por el Almirante de la Flota, almirante José Enrique Delgado Roig; por el Director de Asuntos Económicos de la Armada, general de Brigada Jaime Montero Fernández de Bobadilla; el Director de Gestión Económica, general de Brigada Francisco Javier Delgado Sánchez; el Jefe de Estado Mayor de la Flota, contralmirante Santiago Vila Barrón; y el Jefe de la Base Naval de La Carraca, contralmirante Fernando Poole Quintana; que han estado acompañados por diversas personalidades y autoridades civiles y militares.

La misa votiva ha estado presidida por el Vicario Episcopal de la Armada, Rvdo. P. Vicente Hernández Chumillas, actuando en la parte musical el Coro ‘Logar de la Puente’.

La carrera entre la Iglesia de ‘Nuestra Señora del Rosario’ del Arsenal carraqueño hasta el muelle de San Fernando se encontraba engalanada con banderas y gallardetes, además de estar cubierta por una compañía de honores de Marinería -formada por secciones del propio Arsenal y de la Flota- y de Infantería de Marina, con escuadra de gastadores de marinería y la Unidad de Música del Tercio del Sur.

Tras la función religiosa se constituyó la procesión hasta el muelle, en donde en parihuela se contaba con una imagen del patrón de San Fernando, el bendito Patriarca Señor San José, que cede cada año la Devota y Venerable Hermandad y Esclavitud del Bendito Patriarca Señor San José, Santos Mártires Servando y Germán y Santa Teresa de Jesús. Al llegar al muelle, sobre un altar portátil, se rezaron las preces y por el vicario se bendijo las aguas de la Bahía mientras se hacían sonar las sirenas de los buque atracados en los muelles de La Carraca, que también se encontraban engalanados para la ocasión.

El regreso al templo y el posterior desfile de la Fuerza ante la presidencia pusieron final a esta jornada conmemorativa.

Los orígenes de la ‘Bendición del Mar’ se remontan al voto que hizo la Armada en 1755 para solemnizar el escaso efecto que tuvo el maremoto que siguió al terrible terremoto de Lisboa de noviembre de dicho año, sobre la entonces llamada Real Isla de León y, en particular, sobre el Arsenal de La Carraca.

Como se conoce, el día 1 de noviembre del citado año, festividad de Todos los Santos, sobre las 9.30 horas se originó a unos 250 kilómetros de la costa portuguesa un gran seísmo, que provocó un inmenso movimiento del mar. Este maremoto llegó a inundar con sus devastadoras consecuencias numerosas ciudades de la costa de Huelva y Cádiz.

En la ciudad de Cádiz las olas rompieron las murallas portuarias y el mar invadió la localidad en tres ocasiones falleciendo, como consecuencia, decenas de personas. Las aguas inundaron zonas tan conocidas como La Caleta y las dos puertas de la ciudad, la Puerta del Mar -en el muelle gaditano- y las Puertas de Tierra.

En Ayamonte murieron 1.000 personas y en Lepe 400 personas, perdiendo, además, gran parte de su flota pesquera. En Chiclana, Sanlúcar de Barrameda, Rota, El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera hubo cuantiosas víctimas y desperfectos.

Frente a ello, en la Real Isla de León -actualmente, San Fernando- no se produjeron daños materiales de gran importancia, pero su población fue consciente del evidente peligro que corría la localidad por su proximidad a Cádiz. Tras este desastre natural, y dado que La Isla y sus habitantes se habían salvado de la catástrofe, la Armada hizo voto solemne de celebrar la bendición de las aguas como muestra de gratitud todos los años.

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