Desarticulada una trama internacional dedicada a la elaboración de cocaína en laboratorios clandestinos

En España se han practicado 27 arrestos, de los que uno se ha realizado en Almería. También se han llevado a cabo detenciones en Madrid, Rivas Vaciamadrid, Recas, Talavera de la Reina y en Australia
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La Policía Nacional ha desarticulado una organización criminal internacional, presuntamente dedicada a la producción de cocaína en laboratorios ilegales, para posteriormente distribuirla a otros entramados criminales del territorio nacional.

Se han realizado 11 entradas y registros en Madrid (7), Rivas Vaciamadrid (1), Illescas (1), Denia (1) y Don Benito (1). Y se han arrestado 27 personas, de las que 23 han sido en España -Madrid (14), Rivas Vaciamadrid (1), Recas (1) , Almería (1) y Talavera de la Reina (1)-, además de en Australia (4).

A todos los detenidos se les imputan los delitos de organización criminal y tráfico de sustancias estupefacientes.  De los arrestados, la autoridad judicial decretó el ingreso en prisión de tres personas, siendo estas los líderes de la red. La investigación continúa abierta y no se descartan futuras detenciones.

La investigación se iniciaría en febrero del pasado año, al tener conocimiento la Policía Nacional (policia.es) de la existencia de una organización criminal que se dedicaba a la producción de cocaína, y que estaba asentada en la Comunidad de Madrid. Esta trama destacaba por su fuerte jerarquía, con un reparto de roles entre sus miembros, y gran profesionalidad para eludir la acción policial.

Los agentes al frente de la investigación observaron que esta red importaba grandes cantidades de sustancia estupefaciente oculta de diferentes maneras (madera, fruta, chatarra, cemento…), para asegurar su transporte por vía marítima en contenedores a través de puertos europeos, como en el belga de Amberes, donde se pudo constatar que tenían al menos un confidente que trabajaba para ellos.

Una vez en territorio europeo, transportaban la droga con vehículos caleteados por vía terrestre hasta España, donde el entramado disponía de laboratorios clandestinos de extracción de clorhidrato de cocaína en fincas rurales de zonas despobladas, para separar mediante el empleo de productos químicos el clorhidrato de cocaína del objeto que lo ocultaba.

Cuando disponían de dicha sustancia, la trasladaban hasta unos segundos laboratorios ubicados en domicilios particulares, donde el clorhidrato de cocaína obtenido previamente lo mezclaban con otros productos químicos de menor coste y con un aspecto similar, con el fin de aumentar su peso y así tener mayor beneficio económico.

Una vez disponían del producto final, lo llevaban a almacenes cercanos a las ciudades donde se encontraban sus compradores y así hacerles llegar la venta.

Los agentes constataron que la organización tenía una gran profesionalidad y que su estructura destacaba por su estricta jerarquía, siendo el líder un experto en el proceso químico de extracción, conocido como ‘el gordo’ o ‘el quemado’, porque había sufrido quemaduras en su rostro y manos durante un proceso de extracción y adulteración años antes.

Éste se dedicaba a alquilar y seleccionar las fincas para instalar los laboratorios y contrataba a las personas que iban a trabajar como cocineros e incluso les formaba. Cabe destacar que había conseguido tejer una red de contactos con los carteles colombianos, en especial el de Cali, a donde viajaba con frecuencia para cerrar acuerdos, así como a Panamá y Bélgica, donde había establecido la ruta de salida y entrada de la sustancia estupefaciente oculta en otros productos para su receptación final en España.

Dentro del entramado, y como personas de confianza del líder, se encontraba su sobrino, denominado ‘el artista’ por sus grandes conocimientos técnicos para adulterar, cortar y procesar la cocaína. Y, por otro lado, el conocido como ‘el llanero’, que gestionaba los almacenes clandestinos, contactaba con los proveedores de precursores y recaudaba el dinero que ganaban por la venta de estupefacientes. 

Un escalón por debajo y con diferentes funciones se encontraban, por un lado, los miembros que poseían ciertos conocimientos para llevar a cabo el proceso químico dentro de los laboratorios, conocidos como los ‘cocineros’ o ‘artistas’. Y, por el otro, los encargados del transporte hasta naves industriales o domicilios particulares ubicados cerca de los grandes núcleos urbanos, para almacenar y custodiar la droga hasta enviarla al consumidor final.

Este transporte lo realizaban mediante la actividad conocida como ‘go-fast’, es decir, transportaban la mercancía por carretera mediante vehículos de carga y turismos con compartimentos ocultos o ‘caletas’ para asegurar su envío.

Tras un año y medio de investigación se llevó a cabo la explotación de la investigación en cuatro fases. Durante estas se realizaron un total de 11 entradas y registros -Madrid (7), Rivas Vaciamadrid (1), Illescas (1) Denia (1) y Don Benito (1)-, donde se intervinieron 12 vehículos, casi 98.000 euros, un arma de fuego, 14 dispositivos móviles, 163 kilogramos de cocaína, 100 gramos de marihuana, 20 gramos de droga sintética, 1.000 litros de precursores químicos, cinco kilogramos de sustancia de corte, dos envasadoras, seis prensas, cuatro básculas de precisión, diversos sellos y moldes para la elaboración de cocaína.

También se procedió al bloqueo de bienes patrimoniales que tenía en su poder la red, con una cuantía de casi 115.000 euros en vehículos y 258.000 euros en inmuebles. Además, se desarticularon cuatro laboratorios clandestinos en Don Benito, Madrid, Leganés e Illescas.

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